miércoles, 27 de febrero de 2019

ROMANCE MEDIEVAL

ROMANCE MEDIEVAL

“A los moros por dinero, y a los cristianos de balde”

-Condesita, condesita,
de profundos ojos negros,
y manos blancas, tan blancas
como la flor del almendro.


¿Por qué lloras, condesita,
retirada en tu aposento,
apoyada en la ventana,
con la mirada a lo lejos?


-Espero a mi amor ausente,
a mi amor ausente espero,
que se llevó mi sonrisa,
que me dejó el desaliento.


Frente a la torre volaban
lúgubres pájaros negros.

-Ah, las ausencias de amores
son para el alma el invierno,

fría lluvia sobre el rostro,
nieve en el campo desierto.


¿Dónde se fue, condesita,
la música de tus sueños,
el azul de tus visiones,
y el ímpetu de tus besos?


-La guerra, siempre la guerra,
transformando los requiebros
en salvajes alaridos,
las esperanzas en tedio,
las caricias en heridas,
la alegría en desconsuelo.


Cómo se angustiaba el día,
ensombreciéndose el cielo,
protestando entre las nubes
las voces roncas del trueno.


-Le arrancaron de mi abrazo
porque me atreví a quererlo,
y del amante crearon
involuntario guerrero.


Lágrimas de soledades,
entremezcladas de miedos,
escribían en su rostro
las estrofas de un lamento.


-Ay, quién pudiera dormirse
para no advertir el tiempo
insensiblemente inmóvil
retrasando su regreso.


Qué pesada interrogante
se arrastraba por el suelo,
trepaba por las paredes
y empañaba los espejos,
eclipsando la esperanza,
nublando los pensamientos.


-¿Y si acaso no volviera?...
En sus labios entreabiertos
se percibían temblores
amarrados al silencio.


-Sin él quedará el castillo
como mi interior, desierto;
Nunca fui materia virgen,
ni carne de monasterio.


Sin él me iré, peregrina,
a las fronteras del reino,
y me ofreceré a los hombres,
nobles, hidalgos, o siervos,
a los cristianos de balde,
y a los moros por dinero,
como dijera la copla
de otro lugar y otro tiempo…


Qué fría está la mañana,
qué oscuro ha quedado el cielo,
qué dormido está el castillo,
en paisaje de silencio.


Hasta las aves parecen
haber suspendido el vuelo,
agolpadas en la almena.
Una campana a lo lejos
despereza el campo. Llueve.
Llueve fuera, y llueve dentro
del alma de la condesa.
El día es todo un lamento.


Por el llano van los bueyes
agitando los cencerros.
Abren horizontes grises
jinetes de carne y hierro,
con el cansancio a la espalda,
y al galope del regreso.


¿Dónde ha quedado el amante,
que no cabalga con ellos?


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(F. A. HIDALGO)



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